Desde que lo dejé
la primera vez, hasta que conseguí dejarlo definitivamente pasó un año más. Y
en ese año de idas y venidas, conoció a dos mujeres más, con las que al final
ha tenido un hijo con cada una. A mí en ese tiempo me destruyó económicamente,
de casas de alquiler, de coches, mi nómina me la vi embargada prácticamente.
Vivía de mí. Al igual que ha hecho con sus otras parejas, de cada una conseguía
algo. Y nunca le vi ningún motivo de engaño, aparte del maltrato psicológico y
físico al que me tenía sometida y al cual estaba acostumbrada, enferma diría
yo, al no ver que eso era suficiente motivo, para poder dejarlo, hasta que dije
se acabó. Ahí fue cuando comenzó mi verdadera lucha.
Después de dos
órdenes de alejamiento y unos cuantos juicios, actualmente con orden en vigor
después de cinco años más, porque así va la justicia en nuestro país, llevo más
de un año tranquila. Y eso que hace siete años que lo dejé.
Nadie te protege.
Ante situaciones así, aunque existan las órdenes de alejamiento, cuando quieren
hacerte daño, te lo hacen.
Y el miedo, eso es,
lo que más cuesta hacer desaparecer. Porque mientras más miedo le tengas, más
poder sobre ti le estás dando.
Hoy por hoy, ya no
le tengo miedo. Es más, hace poco me di cuenta que el rencor que le tenía era
lo que ya no me estaba dejando vivir, y reaccioné y dejé de odiar lo que me
hizo, aunque eso no implica que lo haya perdonado o me haya olvidado. Ya no
solo por mí, sino por proteger a mi hijo. Porque una persona que teniendo siete
hijos de cuatro relaciones, con los cuales nunca ha actuado como padre, y
habiendo tenido cuatro mujeres a las cuales ha maltratado y engañado , no es de ser muy buena persona. Y por ello,
aunque me llorara lágrimas de sangre, diciéndome que ha cambiado, jamás le
daría una oportunidad para actuar de padre con mi hijo. Jamás.
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