Una noche, allá por el año 2006, concretamente en el
mes de febrero, estaría yo embarazada de unos seis meses y medio, nos fuimos a
dar una vuelta en el coche. Nos pasábamos los días y las noches juntos, por
aquel entonces y el desencadenante de aquella paliza, la tuvo un teléfono
móvil.
No paraba de sonarle, y yo entre risas y bromas le
cogí el teléfono, y ¡en maldita hora!. Alguna chica le estaría llamando, que él
no quería que yo supiera nada. Y como yo ya vi su cara de “me ha pillado”, no
lo quería soltar. Con lo cual para que lo soltara, me dio tan brutal paliza,
que me quedé con la parte derecha de la cara morada. Y ¡cómo me lloraba!...
No paraba de decir, ¡Has visto lo que me has hecho
hacer!... Parece que aún lo recuerdo diciéndolo una y otra vez…Yo no quería,
pero es que tú me obligas… ¿Yo?...yo era una marioneta en tus manos…una niña
enamorada que creía en ti….Una niña que olvidaba cada mal momento entre nosotros
porque creía que podrías cambiar…por mí... que ilusa…
Cuando llegué a casa, simulé que me había tropezado
con el cinturón de seguridad al salir del coche, y en el suelo, llamé a mi
madre para que saliera y viera que era verdad, esa verdad camuflada…
Mi madre que confiaba en mí, me creyó…y entré en casa.
Así transcurrían los días con mi gran amor… o ése que
yo creí que lo era.
¿Olvidar?...no creo que pueda.
¿Vivir?... con ello.

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