miércoles, 12 de marzo de 2014

Como todo amor que empieza...



Casi nueve años han pasado, aunque en mi corazón sigue todo tan reciente y vivo como el primer día, aquel día que cambiaría totalmente mi destino, en el que conociera al que creí ser el amor de mi vida, y con el cual tuve un hijo maravilloso. Anteriormente nunca estuve tan segura de dar ese paso, tan importante de la maternidad. Lo que nunca hubiera podido imaginar sería que aquel año fuera el comienzo de mi gran batalla personal.

Siempre fui una persona noble, generosa, bondadosa, leal, recibí una buena educación como persona por parte de mis padres. Tuve una infancia realmente feliz. Como en la cultura árabe coloquialmente se diría en mi tierra, una persona de “Corazón Blanco”.

De adolescente era una soñadora, me encantaba escuchar música e imaginar que algún día llegaría ese príncipe encantador que me cautivaría y me haría sentir la mujer más dichosa. Pero nunca logré encontrar aquel chico que me valorara o se molestara en conocerme de verdad. Quizá tal vez yo fuera demasiado reservada, cauta y no me mostrara como realmente era.

Por ello cuando aquella noche le conocí, y me cogió de la mano, sentí que mi mundo giraba, era una sensación tan dulce, tan emocionante, que decidí por fin arriesgarme. Me sentía como dice Marc Anthony en su canción “Valió la pena”, que todo aquello que tuviera que hacer por él, valdría la pena.
Y en ese momento nos volvimos inseparables.



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